Ir al contenido principal

El Amor de Dios



Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. 
Salmos 86:5

Cuando confías en Dios, sabes que el amor de El nunca te fallara. Nada puede sepárate del amor de Dios.

Tal vez las circunstancia hacen que te sientas desamparado, pero nunca lo estas. tal vez tu has dejado de gozar de la presencia y el amor de Dios por tus sufrimientos o temores. Pero el amor de Dios siempre esta presente.

Las circunstancias no cambian la realidad de la presencia de Dios y su amor, Aunque tu cambies tus conocimientos de esa realidad.

Dios permanece fiel y misericordioso y te ama.

Dios nunca cambia!!

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
36 Como está escrito:
    Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
    Somos contados como ovejas de matadero. m
37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:35-39

Dios te Bendiga Mucho!!

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Mecánico del Alma

Una vez iba un hombre en su auto por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático.  El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que tenía.  Pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto que tenía su auto pues hacía muchos años que lo conducía; sin embargo, después de mucho rato se dio cuenta de que no encontraba la falla del motor. En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda. El dueño del primer auto dijo: - Mira este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú sin ser el dueño puedas o sepas hacer algo. El otro hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo: - Está bien, haz el intento, pero no creo que puedas, pues este es mi auto. El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar. El primer hombr...

Cada quien es Responsable de su Vida

Mi madre tenia muchos problemas, había estado adelgazando peligrosamente y estaba deprimiéndose, e ra irritable, gruñona y amargada, h asta que un día, de pronto, ella cambió.  La situación estaba igual, pero ella era distinta. "Viejita -dijo mi padre- llevo tres meses buscando trabajo y no he encontrado nada, voy a echarme unas cervezas con los amigos." -Ah, okey.-Contestaba mi madre. -Ya encontrarás. "Mamá -dijo mi hermano- reprobé todas las materias en la facultad." -Ah, okey. -Respondió mi madre. -Ya te recuperarás y si no pues repites el semestre. Pero te lo pagas tú. "Mamá- dijo mi hermana- Choqué el carro." -Ah, okey. -Suspiró mi madre. -llévalo al taller, busca como pagar y por lo pronto muévete en bus. "Nuera -llegó diciendo su suegra, que siempre la fustigaba y encaraba-, vengo a pasar unos meses con ustedes." -Ah, okey. -dijo mi madre. -Acomódese en el sillón y agar...

El Círculo del Noventa y Nueve

En un país no muy lejano había un rey muy triste, el cual tenía un sirviente que se mostraba siempre pleno y feliz. Todas las mañanas, cuando le llevaba el desayuno, el sirviente lo despertaba tarareando alegres canciones de juglares. Siempre había una sonrisa en su cara, y su actitud hacia la vida era serena y alegre. Un día el rey lo mandó llamar y le preguntó: -Paje, ¿cuál es el secreto? -¿Qué secreto, Majestad? -¿Cuál es el secreto de tu alegría? -No hay ningún secreto, Alteza. -No me mientas. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira. -Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo a mi esposa y a mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, estamos vestidos y alimentados, y además Su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas que nos permiten darnos pequeños gustos. ¿Cómo no estar feliz? -Sino no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo...